VALORES

Objetivo

Reflexionar sobre los valores, la responsabilidad que como padres nos toca sobre su cumplimiento o incumplimiento y cómo desde el hogar podemos influir en nuestros hijos para mejorar su práctica de valores.

 

Introducción

“Se están perdiendo los valores”, dicen las personas en la calle. Nosotros mismos, cuando vemos a un automovilista ignorando la luz roja o a los pasajeros echando papeles por las ventanas, afirmamos que los valores son escasos. “Hay que inculcar valores”, repiten los medios, gobernantes y los padres de familia. Sí, todos coincidimos, pero la situación es cada vez más alarmante.

No nos damos cuenta de que cada uno de nuestros actos, desde que abrimos los ojos hasta que los cerramos por la noche, está marcado por nuestra propia forma de pensar y actuar. El tema nos concierne. Es imposible que no nos involucre íntimamente.

¿Qué deseamos los peruanos para nuestra sociedad? ¿Cómo podemos ser más felices todos? La respuesta, desde luego, pasa por el tema de los valores.

 

Definición de valor

Los valores son guías o normas que establecemos internamente cada individuo y que nos ayudan a vivir mejor, que mejoran nuestra calidad de vida. Los valores nos guían a fin de tener un comportamiento saludable como ser hijos respetuosos, padres responsables, es decir orientan nuestras acciones hacia acciones positivas.

Es un proceso que en forma paulatina ha ido incorporándose en nosotros como producto de nuestra enseñanza y experiencia que han sido recibidas en el hogar, en la escuela, con los mensajes y modelos de nuestros padres, maestros y amigos y en general personas que ejercen alguna influencia en nosotros. Y decimos modelos porque lo más importante no es lo que se dice sino lo que se hace. Ejemplo, cuando les decimos a nuestros hijos que deben ser ordenados y limpios pero nosotros tenemos el estudio, el dormitorio o la cocina desordenados y manifestamos que nosotros nos entendemos en ese laberinto.

 

La enseñanza de los valores en la familia
Enseñamos con nuestras creencias y actitudes unos valores que para nosotros son importantes. Con nuestros hábitos, estilos de vida y comportamientos les mostramos a nuestros hijos ejemplos de cómo hay que comportarse. Por eso es importante que nos preguntemos sobre nuestras propias creencias y actitudes, valores, hábitos de vida, sobre cómo nos comportamos, y cómo esto puede estar influyendo en nuestros hijos.

La familia tiene la responsabilidad de dar testimonio a los hijos y conducirlos con amor y firmeza, permitiendo que afronten las consecuencias de sus actitudes.
Jamás se debe permitir que dentro de la familia, se rompa la comunicación; por el contrario se debe fomentar la confianza, abrir canales para que cada hijo pueda decir lo que siente o piensa sin ser reprendido o juzgado.

Los valores morales

Los valores morales son aquellos cuya práctica nos acerca a la bondad, la justicia, la libertad, la honestidad, la tolerancia, la responsabilidad, la solidaridad, el agradecimiento, la lealtad, la amistad y la paz entre otros. Los valores morales son los más importantes. De poco sirve tener muy buena salud, ser creyente, muy inteligente, vivir rodeado de comodidades y objetos bellos, si no se es justo, bueno, tolerante u honesto, si se es una mala persona, un elemento dañino para la sociedad, con quien la convivencia es muy difícil. La falta de valores morales en los seres humanos es un asunto lamentable y triste precisamente porque los hace menos humanos.

El mundo de los valores es amplio, complejo y está en permanente transformación. En cada época aparecen nuevos valores o los viejos valores cambian de nombre. Todos somos libres, además de escoger nuestros valores y darles el orden y la importancia que consideremos correctos de acuerdo con nuestra manera de ser y de pensar. Sin embargo, hay valores que no cambian, que se conservan de generación en generación, siempre y en todas partes. Valores universales, que exigiríamos a cualquier persona. Trataremos solo tres de ellos que consideramos fundamentales: respeto, responsabilidad y honestidad.

 

 

El respeto

Para comenzar esta parte veamos primero un ejemplo:

Mario trata de sacar una botella del refrigerador, se le cae derramando su contenido en todo el piso de la cocina.

Cuando la madre entró en la cocina, en vez de gritarle, darle un sermón o castigarlo, dijo:

Mario, ¡qué desastre hiciste! Bueno, el daño ya está hecho. Cada vez que haces un desastre así, al final tienes que limpiarlo y poner todo en su lugar. De modo que ¿cómo te gustaría hacerlo? Podemos usar una esponja, una toalla o un trapo. ¿Qué prefieres?

Mario escogió la esponja y juntos limpiaron. La madre le dijo entonces: “Esto que pasó es un experimento fallido de cómo se carga una botella grande con dos manos pequeñas. Vamos al patio a llenar una botella con agua para ver si descubres la forma de llevarla sin dejarla caer”.

Mario aprendió que si tomaba la botella por la parte superior, cerca del borde con las dos manos, podía cargarla sin dejarla caer.

¿No sería fantástico que todos los padres respondiéramos como lo hizo la madre de Mario?

Tratemos pues a los demás, y en especial a nuestros hijos, de la misma manera como nos gustaría ser  tratados.

Dejemos que nuestro hijo sea quien corrija sus equivocaciones.

El respeto es el reconocimiento, aprecio, valoración y consideración hacia los demás y hacia nosotros mismos que se plasma en nuestras actitudes diarias. Se da a todo nivel y en todas las personas, entre los padres e hijos, entre profesores y alumnos, entre compañeros, hermanos, amigos, etc.

Esperamos que nuestros hijos nos traten con el debido respeto y que sepan respetar a los demás. Pero... ¿respetamos nosotros a nuestros hijos en la misma medida?

 

Con relación a nuestro hijo:

¿Lo tratamos con el mismo respeto que a cualquier persona adulta?

¿Tenemos en cuenta su opinión? ¿Pedimos su opinión en los asuntos de la casa y los propios de él?

¿Confiamos en su juicio?

¿Respetamos su tiempo libre?

¿Lo acosamos continuamente con la misma cantaleta?

¿Reconocemos su derecho a discrepar de nosotros?

¿Aceptamos sus reclamos o por lo menos los conversamos?

¿Lo tratamos con altivez? ¿Tenemos la razón en todo?

¿Lo avergonzamos (a veces en público)?

¿Lo atropellamos con órdenes incomprensibles a su entendimiento?

¿Respetamos su elección de amigos, o mostramos educadamente nuestro desacuerdo con ella? ¿Le imponemos amigos?

El respeto es la base para una convivencia social sana y pacifica; para practicarlo es preciso tener una clara noción de nuestros deberes y derechos. El respeto consiste en considerar los derechos de los demás; por ejemplo, cuando se hace cola para una gestión, nos colocamos en el turno en el que hemos llegado y no nos aprovechamos de alguien conocido para colocarnos adelante.

 

La responsabilidad

La responsabilidad es la conciencia acerca de las consecuencias que tiene todo lo que hacemos o dejamos de hacer sobre nosotros mismos o sobre los demás.
La falta de responsabilidad es fácil de detectar en la vida diaria. La vemos en el gasfitero que no hizo correctamente su trabajo, en el carpintero que no llegó a instalar las puertas en el día que se había comprometido, en el estudiante que tiene bajas calificaciones, y en casos más graves en un funcionario público que no ha hecho lo que prometió o que utiliza los recursos públicos para sus propios intereses.

 

Frecuentemente escuchamos o decimos que nuestros hijos son irresponsables. Al respecto, ¿hemos visto a nuestro hijo?:

Correr y agitarse haciendo un trabajo en la víspera de su presentación.

No entregar un trabajo en la fecha debida. Y encima, lo justificamos.

Regresar muchas veces después de la hora prometida.

Incumplir su promesa de estudiar tan pronto se queda sin nuestra supervisión.

Efectivamente, en algunas ocasiones son irresponsables, ¿pero por qué serán así?

¿Acaso no nos esforzamos para que sean justamente lo contrario?

¿Le echamos la culpa a la edad, los amigos, las fiestas, los juegos de vídeo?

¿Nos hemos hecho de la vista gorda ante sus faltas, por comodidad a veces?

¿Damos testimonio de responsabilidad?

¿Reconocemos nuestros errores, tratamos de no volver a caer en ellos, pedimos disculpas por ellos?

¿Cumplimos con nuestras obligaciones y no buscamos evadirnos de ellas?

¿Adquirimos obligaciones que sabemos no vamos a poder cumplir?

¿Dejamos de hacer algo necesario por ver TV o divertirnos?

¿Gastamos en cosas superfluas aunque luego falte dinero para cosas necesarias, por ejemplo, obligaciones previamente contraídas (pensión del colegio, entre ellas)?

¿Enseñamos responsabilidad a nuestros hijos?

¿Les enseñamos a perseverar en una tarea aunque ésta canse o sea desagradable?

¿Les mostramos metas valiosas en función de valores personales, sociales y religiosos?

¿Logramos acuerdos explícitos con ellos acerca de estudios y formas de conducta?

¿Les ayudamos a perseverar en las metas acordadas?

¿Mantenemos nuestro acompañamiento en forma constante?

 

Un elemento indispensable dentro de la responsabilidad es el cumplir los deberes. La responsabilidad es una obligación, ya sea moral o incluso legal, de cumplir con lo que se ha comprometido.

La irresponsabilidad se produce cuando no tenemos conciencia de la importancia de las cosas que hacemos ni de las consecuencias que puede tener el no hacerlas como se debe o sencillamente el dejar de hacerlas.

 

La honestidad

Cuando un ser humano es honesto se comporta de manera transparente con sus semejantes; busca, acepta y dice la verdad. La honestidad es una manera correcta de actuar o sea: coherencia entre lo que pensamos, decimos o hacemos. Ser honesto exige coraje para obrar en forma recta y clara.

¿Hemos vivido algunas de las siguientes situaciones de falta de honestidad?

¿Nos hemos sentido defraudados cuando hemos descubierto a nuestro hijo?:

¿Nos hemos preguntado acaso si aprendió deshonestidad de nosotros? ¿Ha sido nuestro hijo testigo?:

¿Cuál es nuestro diagnóstico acerca de cómo vivimos los valores en nuestro hogar?

 

Evidentemente las respuestas a las preguntas planteadas nos dirán el grado en que nosotros somos responsables de la falta de estos valores.

Para terminar quisiera cerrar con algunas reflexiones acerca de cómo vivir los valores:

 

 

La tarea que nos queda

¿Cómo mejorar la práctica de valores en nuestro hogar? ¿Cómo podemos ayudarnos? ¿Qué podemos hacer?

La idea es que el trabajo grupal del taller justamente nos sugiera las estrategias que debemos seguir. A cada grupo se le asignará un valor de los tres elegidos; los miembros del grupo dispondrán de preguntas motivadoras. El grupo debe identificar las causas de la falta del valor y producir acciones, actividades o estrategias concretas para actuar sobre ellas a fin de mejorar la práctica de valores en el hogar

 

Preguntas Motivadoras

Preguntas comunes para todos los grupos. Aquellos grupos que les toque trabajar la responsabilidad, el respeto o la honestidad, deberán reemplazar la palabra correspondiente en cada pregunta según el caso

•  ¿De que manera vives el respeto / la responsabilidad / la honestidad en tu hogar? ¿Enseñas y practicas el respeto / la responsabilidad / la honestidad en tu hogar?

•  ¿Por qué no debemos los padres aceptar conductas de falta de respeto / responsabilidad / honestidad?

•  ¿Ofrecemos un ambiente de confianza que anime a nuestro hijo a contarnos sus faltas al respeto / la responsabilidad / la honestidad?

•  Como padres, ¿cómo podemos actuar frente a la carencia del respeto / la responsabilidad / la honestidad? Propongamos acciones concretas.

 

Preguntas para reflexionar en casa

No hay que responder a las preguntas anotadas con cada valor

 

Sobre el respeto o su ausencia

Siempre esperamos que nuestros hijos nos traten con el respeto debido y que sepan respetar a los demás. Pero… ¿Respetamos a nuestros hijos en la misma medida? ¿Por qué sí? ¿Por qué no?

 

Sobre la responsabilidad

¿Reaccionamos con calma aunque con severidad ante una falta de responsabilidad?

¿Revela nuestra reacción la importancia que le damos al asunto?

¿Ofrecemos una ambiente de confianza que lo anime a contarnos sus problemas para cumplir con sus deberes o achacamos el incumplimiento a su falta de interés o dedicación?

 

Sobre la honestidad

¿Nos hemos preguntado acaso si nuestro hijo aprendió conductas deshonestas de nosotros?