SOBREPROTECCIÓN Y ACOMPAÑAMIENTO DE LOS HIJOS
OBJETIVO
Nuestro objetivo es ayudarnos a tomar conciencia de la necesidad de desarrollar en los hijos la autonomía para que puedan llegar a ser personas libres y responsables, capaces de valerse por sí mismos, que sepan elegir lo importante, y tengan una auténtica jerarquía de valores en el momento de tomar una decisión.
INTRODUCCIÒN
Muchos padres creemos que amar a nuestros hijos es darles gusto en todo lo que quieren satisfaciendo sus caprichos, haciendo las cosas por ellos, y hasta pensando por ellos sin darnos cuenta que con estas actitudes ponemos en grave peligro su desarrollo, su realización como personas.
DEFINICIÓN DE SOBREPROTECCIÓN
La sobreprotección se define como el exceso de cuidado y/o protección de los hijos por parte de los padres que va más allá de lo razonable, una sobre indulgencia que termina incapacitándolos para su vida futura. Este exceso de cuidado, según algunos especialistas, obedece al temor de los padres respecto al hecho de que sus hijos crezcan y comiencen a ser independientes y puedan verse en una situación de riesgo o de dolor.
Según los pediatras esto se registra con mayor frecuencia en los padres primerizos y obedecen a su ansiedad por crear un mundo ideal para su primogénito y dejar atrás los errores que, según ellos, cometieron sus padres.
ACTITUDES DE LOS PADRES SOBREPROTECTORES
Ser padres sobreprotectores no es algo accidental, sino que éstos generalmente han crecido en una familia donde sus necesidades de afecto, amor y reconocimiento no han sido atendidas satisfactoriamente. ¿Cómo actúan?:
Tienden a limitar la exploración del mundo por parte de su hijo, pues temen que pueda lastimarse si se mete debajo de la mesa, detrás de un sofá, entre unos arbustos o si intenta alcanzar un juguete o un objeto llamativo que está en la parte alta de un estante. Normalmente frente a estos "peligros" los padres usan frases como: "No te metas allí que te puedes raspar", "no toques eso que está sucio", "con cuidado por favor", etc.
Usan el mismo lenguaje del niño para comunicarse con él: no se le habla claro ni se le estimula el aprendizaje de nuevas palabras, porque para el padre basta con que el niño le señale un objeto o haga un gesto para obtener lo que quiere sin aprender a pedirlo verbalmente.
No suelen soportar que sus hijos se enfaden, lloren o pataleen pues piensas que la están pasando mal y acceden a sus caprichos. Para que los hijos “estén bien” intentan taparles algunas emociones: miedo, tristeza, etc. Aunque en ese momento consigan que el niño se olvide de lo que siente, no por ello desaparece su sufrimiento.
Disculpan todos los errores del niño poniendo las culpas en terceras personas
Les evitan a sus hijos situaciones conflictivas o difíciles pues piensan que solos no las pueden resolver.
EFECTOS NEGATIVOS DE LA SOBREPROTECCIÓN
¿Cómo es un niño sobreprotegido?
Tímido.
Le cuesta alejarse de sus padres (especialmente de mamá)
Inseguro de lo que hace y de su relación con los demás.
Llora intensamente. Especialmente durante los primeros días de preescolar.
Nervioso y algo solitario.
Tiene dificultad en el desarrollo del lenguaje y por lo mismo para escribir y comprender.
Pocas veces asume la responsabilidad de sus actos.
Tiene dificultad para tolerar las frustraciones y los desengaños.
CAUSAS DE LA SOBREPROTECCIÓN
Los padres queremos a nuestros hijos y deseamos su felicidad, pero hay que saber diferenciar si lo que intentamos conseguir es la felicidad del hijo o la nuestra. En este sentido, la sobreprotección hacia nuestros hijos es muchas veces debido a las siguientes causas:
Por apoyar nuestra baja autoestima, demostrándonos que podemos ser un buen padre o una buena madre.
Reparar las limitaciones que sufrimos en nuestra niñez. Una frase muy común es: “No quiero que mi hijo sufra todo lo que yo he sufrido”.
A veces las frustraciones del hijo llevan a los padres a revivir sus propias frustraciones y esto hace que se sientan incómodos y hacen por él lo que quisieran haber hecho.
Compensar la ausencia del otro padre. Uno de los padres puede estar enfermo, ser indiferente o tratar mal al niño; de esta forma el otro se siente culpable y teme que el niño crezca con problemas emocionales
Remediar nuestra propia ausencia, debido al poco tiempo que estamos en casa por motivos laborales. Los padres están muy preocupados por su trabajo, les asalta el sentimiento de culpa y justifican su excesivo consentimiento diciendo: “En el poco tiempo que estoy con él, no quiero problemas”.
Evitar las rabietas del niño. Cada vez que el niño tiene una pataleta, para tranquilizarlo y no escucharlo, le dan lo que quiere. Así el niño aprende a cambiar su comportamiento a cambio de soborno y manipulando a sus padres. Las pataletas irán en aumento con el fin de conseguir más.
Otra razón de la sobreprotección tiene que ver con “querer que los hijos nos quieran”; para conseguirlo actuamos equivocadamente: les compramos demasiadas cosas que no necesitan, tenemos dificultades para decirles No; nos tomamos como algo personal expresiones como: “ya no te quiero”, “eres una mala madre”, etc. que son producto de meras pataletas infantiles.
CÓMO EVITAR LA SOBREPROTECCIÓN CON EL ACOMPAÑAMIENTO
Hemos unido esta parte con lo que es acompañamiento; porque si partimos de lo que significa acompañar, que es estar al lado de alguien para apoyar, orientar, proteger, y animar, se está contribuyendo a que esa persona pueda desarrollarse adecuadamente y lograr sus objetivos. Nuestros hijos necesitan ser acompañados por nosotros en el proceso de desarrollo de sus dimensiones más fundamentales que le permitan crecer en libertad y autonomía.
¿De qué manera?
Dimensión biológica (desarrollo físico)
Para que el niño se desarrolle en esta dimensión los padres deben:
Aceptarlo con amor sea cual sea su físico.
Darle la oportunidad para jugar donde ponga en actividad su cuerpo, dándole espacio y tiempo para moverse libremente.
Enseñarle a querer y valorar su cuerpo.
Proporcionarle actividades donde haga uso de sus sentidos, permitirle tocar las cosas, mirar, oler.
Darle la oportunidad de participar cuando se prepara y sirve la comida.
Dejar que se vista solo.
Dejar que los niños grandes ayuden a los pequeños.
Permitirle explorar su entorno pero con supervisión. Lo ideal es que los padres lo acompañen para que pueda aprender con seguridad y se creen lazos más fuertes. De esta manera se le brinda más confianza y se le permite interactuar con el mundo.
Dimensión psicológica (desarrollo emocional)
Para desarrollarse en esta dimensión el niño necesita:
Adaptación y reconocimiento de lo que realmente es. Aceptarlo tal y como es con su personalidad, virtudes y limitaciones. No hay que obsesionarse con el niño en querer que éste sea como nosotros queremos.
Respeto y tolerancia de sus ideas y sentimientos. No imponerle nuestros sueños no cumplidos de pequeños; ellos tienen sus propias ideas y hay que aceptarlas aunque no coincidan con las nuestras.
Libertad para tomar decisiones. Saber que el hijo es capaz de lo que se proponga, animarle en sus intentos y no creer o tener miedo al fracaso.
Afirmar sus cualidades y aceptar sus limitaciones. Darle oportunidad de realizar actividades donde pueda tener éxito y elogiar sus virtudes, esfuerzo y logros y reconocer sus fallos.
Potenciar su creatividad. Dejarlo expresarse por medios creativos: pintura, música, arcilla, etc. Enseñarle las cosas que no sabe y no hacerlas por él aunque lo haga mal o tarde mucho tiempo.
Sentimiento de haber contribuido a algo. Necesita saberse útil y que lo tomen en cuenta. Podemos pedirle con mucho respeto que nos ayude en alguna actividad doméstica, cuidar del hermanito, que nos de su opinión sobre algo, luego abrazarlo y darle las gracias.
Oportunidades de compartir los sentimientos.
Dimensión espiritual
Así como damos prioridad a las necesidades físicas e intelectuales de nuestros hijos a medida que avanzan en su proceso de crecimiento y desarrollo, de igual manera es necesario promover el desarrollo y fortalecimiento de la dimensión espiritual:
Es equivocada la actitud de los padres que no ejercen sobre sus hijos ninguna orientación espiritual o religiosa, afirmando que esperarán a que el niño esté en edad de decidirlo por sí mismo. ¿Que pasará entonces cuando decida conocerla? Simplemente la considerará extraña y tendrá el concepto de que no es indispensable. Así se privará al niño de los recursos para el disfrute pleno de su existencia como persona humana, de abrirse a valores inmutables que le den sentido a su propia vida.
Se debe tener muy en cuenta el pensamiento de Heráclito cuando afirma que “el que conoce lo externo es un erudito, el que se conoce así mismo es un sabio”.
David Heller considera dos elementos que son fundamentales dentro del proceso de fomento de la espiritualidad en los niños:
1. Crear confianza con el hijo. El amor y la confianza son elementos básicos para la relación entre padres e hijos. No hay cosa que comunique mejor el amor para su hijo que los momentos que le ha dedicado con paciencia e interés para atender sus preguntas e inquietudes. El niño necesita sentirse lo suficientemente seguro para poder explorar; cuando los niños empiezan por ejemplo a apreciar la naturaleza, surgen entonces las preguntas sobre quien hizo la luz del sol, las plantas, por qué llueve, etc. Escalones importantes en la formación espiritual.
2. Cultivar la libertad. La libertad debe ser cualidad característica de un hogar espiritual y debe garantizarle al niño, libre de inhibiciones, expresar ideas, hacer preguntas y manifestar dudas acerca de cuestiones espirituales; los padres deben mantener un equilibrio entre orientación y tolerancia en una relación caracterizada por el diálogo y el respeto mutuo.
La percepción que nuestro hijo tenga acerca de Dios dependerá mucho de nosotros, de cómo le hayamos reflejado la imagen de Dios con nuestra vida.
“Un hijo no es simple función biológica y reproducción de la especie. Es mucho más. Es fruto del amor de los esposos, y más aún, es un don que nos ha sido dado. Cada hijo es único e irrepetible, tiene un propio temperamento, un destino personal. No es “propiedad” de los padres llamados sólo y ¡nada menos! que a acompañarlo, guiarlo, ayudarlo a descubrir lo que Dios quiere para él. Una persona feliz.”
PREGUNTAS MOTIVADORAS
Los integrantes del grupo deberán elegir y trabajar dos de las cinco preguntas anotadas:
¿Le das la oportunidad a tu hijo de resolver por sí mismo sus dificultades? ¿Por qué sí o por qué no? ¿Qué se te hace difícil?
¿Qué actitudes negativas de las descritas en la ponencia adoptamos los padres con mayor frecuencia? ¿De qué manera podemos cambiarlas?
¿Cuáles de las actitudes o actividades positivas señaladas en la ponencia relacionadas con la manera de evitar la sobreprotección se nos hacen a los padres difíciles de practicar?
Elabora una lista de tareas concretas a realizar, a partir de hoy, que te ayuden a evitar la sobreprotección.
¿Por qué algunos niños se muestran más independientes o por el contrario, dependientes, que otros? ¿Creen los miembros del grupo que depende del clima familiar? Proporcionen razones.