Objetivo de la jornada
Lograr que los padres tomen conciencia de la cultura light, sus efectos perniciosos y algunas medidas para contrarrestar éstos desde el hogar.
La cultura light
Según Enrique Rojas la sociedad opulenta de bienestar de Occidente, cuya influencia en el resto de los continentes abre camino, crea opinión y propone argumentos, es una sociedad que en cierta medida esta enferma, de la cual emerge el hombre light , un sujeto que lleva por bandera cuatro características sumamente negativas: hedonismo, consumismo, permisividad y relativismo . Todos ellos enhebrados por el materialismo . Un hombre así carece de sustancia, de contenido, vive entregado al dinero, al poder, al éxito y al gozo ilimitado y sin restricciones.
En la presente charla presentaremos las características de la cultura light, su relación con nuestra función de padres y lo que como tales podemos hacer desde el hogar para reducir o evitar sus efectos perniciosos sobre nuestros hijos.
Características de la cultura light
El panorama de la sociedad actual es muy interesante: en la política hay una vuelta a posiciones moderadas y a una economía conservadora; en la ciencia ha tenido lugar un despliegue monumental ya que los avances en muchos campos han dado un giro marcadamente brillante y con resultados muy prácticos; el arte se ha desarrollado también de forma exponencial; igualmente en el mundo de las ideas y su reflejo en el comportamiento se ha producido un cambio sensible que analizaremos a continuación.
Las dos notas más peculiares de este cambio son el hedonismo y la permisividad , ambos enhebrados por el materialismo . Los dos, hedonismo y permisividad hacen que las aspiraciones del hombre vayan siendo gradualmente materiales (centradas por ejemplo en el dinero) y se deslicen hacia una decadencia moral.
El hedonismo significa que la ley máxima de comportamiento es el placer por encima de todo, cueste lo que cueste, así como ir alcanzando progresivamente niveles más altos de bienestar. Su código es la permisividad, la búsqueda ansiosa del placer y el refinamiento sin ningún otro planteamiento. Así pues, hedonismo y permisividad son los dos nuevos pilares sobre los que se apoyan las vidas de aquellos hombres que quieren evadirse de sí mismos y sumergirse en un conjunto diverso y cambiante de sensaciones cada vez más sofisticadas; es decir, contemplar la vida como un goce ilimitado. Porque una cosa es disfrutar de la vida y saborearla, en tantas vertientes como ésta tiene, y otra muy distinta ese maximalismo cuyo objetivo es el afán y el frenesí de diversión sin restricciones. Lo primero es psicológicamente sano y sacia una de las dimensiones de nuestra naturaleza; lo segundo, por el contrario, apunta a la muerte de los ideales.
Del hedonismo surge otra característica que pide paso con fuerza, el consumismo . Todo puede escogerse a placer; comprar, gastar y poseer se vive como una nueva experiencia de libertad. El ideal de consumo de la sociedad capitalista no tiene otra finalidad que la multiplicación o la continua sustitución de objetos por otros cada vez mejores. El consumismo tiene una fuerte raíz en la publicidad masiva y en la oferta bombardeante que nos crea falsas necesidades. Objetos cada vez más refinados que invitan a la pendiente del deseo impulsivo de comprar. El hombre que ha entrado por esa vía se va volviendo cada vez más débil.
La otra nota central de esta falsa ideología actual es, como se ha dicho, la permisividad , sin prohibiciones, sin limitaciones, todo esta permitido. Hay que atreverse a todo, llegar cada día más lejos. Si todo se va envolviendo en un gradual descreimiento y, a la vez, un individualismo salvaje, ¿qué es lo que todavía puede sorprender o escandalizar? Este derrumbamiento de valores produce vidas vacías, pero sin grandes dramas ni tragedias…”Aquí no pasa nada”, parecen decirnos los que navegan por estas aguas. Estas existencias sin aspiraciones ni denuncias conducen a la idea de que todo es relativo.
El relativismo es hijo natural de la permisividad, un mecanismo de defensa. El relativismo es otro nuevo código ético. El análisis de la moralidad de cualquier situación puede ser positivo o negativo; no hay nada absoluto, nada totalmente bueno ni malo. De esta tolerancia interminable nace la indiferencia pura. Estamos ante la ética de los fines o de la situación, pero también del consenso: si hay consenso, la cuestión es válida. El mundo y sus realidades más profundas se someten al voto, para decidir si constituyen algo positivo o negativo para la sociedad, porque lo importante es lo que opine la mayoría.
Un ser humano hedonista, permisivo, consumista y centrado en el relativismo tiene mal pronóstico. Vive rebajado a nivel de objeto, manipulado, dirigido y tiranizado por estímulos deslumbrantes, pero que no acaban de llenarlo, de hacerlo más feliz. Su paisaje interior está transitado por una mezcla de frialdad insensible, de neutralidad sin compromiso y, a la vez de curiosidad y tolerancia ilimitadas. A este hombre no le preocupa la justicia, ni los problemas sociales ni los grandes temas del pensamiento (la libertad, la verdad, el sufrimiento…). Un hombre así es cada vez más vulnerable: por eso es necesario rectificar el rumbo, saber que el progreso material por sí mismo no colma las aspiraciones más profundas de aquél que se encuentra hoy hambriento de verdad y de amor auténtico. ¿Cómo supera este vació moral? Lo veremos más adelante.
Relación o conexión de la cultura light con nuestro rol de padres
Si bien el hogar es el primer lugar de influencia y formación de nuestros hijos, aun dentro de éste no dejan de estar expuestos a educadores agresivos, generalmente vía los elementos seductores de la sociedad de consumo, la TV , Internet, los medios audiovisuales (películas, vídeos musicales, etc.) y los modelos de mediocridad intelectual y de falta de carácter y moral que representan las élites (autoridades, políticos, deportistas, actores, cantantes, etc.). Este entorno en el cual desenvuelven parte de su vida nuestros hijos tiene las características de la cultura light y nuestros hijos las asumen por inmersión. Si no díganme si en más de un hogar de los aquí presentes, por no decir, una importante cantidad de hogares, los chicos:
Razones para algunas de las anteriores situaciones son varias: los chicos son muy vulnerables a la moda, quieren algo porque todos lo tienen o todos lo usan, y por qué yo no; acaso soy menos que los demás se dice cada uno; detrás de esto tenemos metidos el consumismo y el materialismo, valgo no por que existo, porque soy un ser humano, sino por lo que tengo. En otros casos, tal vez los padres les hemos allanado demasiado el camino y hemos hecho sus deseos realidad, deseos que tal vez fueron nuestros y no tuvimos oportunidad de realizar. El resultado, chicos y chicas con menos traumas, pero probablemente demasiado satisfechos. Acostumbrados a lo fácil y a que los papás les solucionen los problemas. Aptos para vivir el instante, pero con menos capacidades para afrontar tareas arduas y valiosas.
Reversión o prevención de los efectos de la cultura light
Debemos repensar nuestro rol de seres humanos y de padres. ¿Qué podemos hacer como padres?
Las mayores amenazas para la educación de los niños europeos son el bienestar, los medios (televisión e Internet) y la desintegración familiar. El bienestar genera inercia, permisividad y consentimiento; la industria del entretenimiento provoca pasividad y les transmite a una edad demasiado temprana la violencia, la sexualidad y el materialismo de los adultos; y la disolución de las familias no permite a los padres educar a sus hijos. Una buena respuesta a ello es volver a una educación con disciplina para protegerles de todos estos riesgos y al mismo tiempo hacerles fuertes para poder enfrentarse a ellos. Aun cuando nuestras poblaciones urbanas no están en la sociedad de bienestar de los europeos o de los americanos, si estamos sujetos a su influencia y por lo tanto podemos observar en ellas los mismos peligros.
Por otro lado, muchos padres hemos prescindido de nuestro rol de educadores; no educamos a los niños y a los adolescentes, y estos simplemente se hacen mayores. Tenemos, pues, un déficit de exigencia en la educación de los jóvenes. La buena educación no puede prescindir de la pedagogía del esfuerzo. Requiere presencia de padres y educadores, pero una presencia activa, exigente y afectuosa a la vez, que acompañe y oriente el crecimiento sano de los jóvenes. Este acompañamiento requiere fundamentalmente de mucho tiempo, aún cuando tengamos que robárselo al sueño. Si un niño se percata de que sus padres tienen prisa, los padres ya han perdido la partida. Por ejemplo, comer con prisa impide enseñar buenos modales. Practicar los buenos modales en la mesa prolonga el tiempo de las comidas. Cumplir con los deberes del hogar requiere tiempo. Como padres conviene, por tanto, repensar nuestra forma de educar y recordar que la buena educación requiere de disciplina y tiempo de los padres y de los educadores.
En el plano personal, debemos reconsiderar nuestro rol de seres humanos. Para ello Enrique Rojas propone:
Volver a los valores . En general podemos decir que es necesaria una vuelta a otros valores por las siguientes razones:
Por tanto, es necesario infundir unos valores imperecederos para salir de estas coordenadas, cuyos códigos de conducta sean amplios, pero de perfiles nítidos, que hagan más humano y digno al hombre. Uno de los principales valores es el humanismo, basado en una formación moral sólida, abierta y pluralista, cuyas coordenadas no dan prioridad al éxito material, al placer y al dinero. Esto constituye una labor personal que conlleva los siguientes requisitos:
Elogio a la intimidad . En oposición al hombre light que no tiene vida interior ni intimidad, y por ello vive para la calle, más pendiente de su apariencia externa, de su imagen, que de su estado interior, el hombre sólido tiene vida interior, pues a través de ella se encuentra consigo mismo, se conoce mejor y es capaz de entender a los demás. En la intimidad uno se encuentra con los suyos. El diálogo se hace fluido, rico, repleto, sereno y distendido, y es donde disfrutamos con una tertulia familiar o viendo cómo crecen los hijos o los cambios graduales físicos y psíquicos que los transforman. En suma, tener una familia unida.
Superar el cinismo . El hombre light vive instalado en la torre del cinismo. Se ha vuelto pragmático y una cosa es lo que piensa y otra, bien distinta, lo que hace. Lo cínico esta lleno de contradicciones; lo que hoy se critica acaloradamente, mañana se defiende con ardor; lo importante es el momento, el instante concreto del tema que nos ocupa. Pero nada es definitivo y hay que apuntarse al ganador, porque lo importante es el éxito y el triunfo: es el vértigo de la fugacidad, la revolución de la urgencia. ¿Qué hacer ante esto?
En una palabra, se trata de volver al hombre espiritual, capaz de descubrir todo lo bello, noble y grande que hay en el mundo y procurar luchar por alcanzarlo. Para el cristiano, la moral cristiana es el mejor medio para la realización de la eterna vocación trascendente del hombre.
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Preguntas motivadoras
El grupo deberá trabajar por los menos dos aspectos de la pregunta 1 y otra pregunta elegida a voluntad de los asistentes.
¿Qué medidas concretas podemos tomar desde el hogar para revertir los efectos negativos de la cultura light sobre nuestros hijos en lo relacionado con el:
hedonismo
consumismo
relativismo
permisividad
materialismo
sexo o vida sexual
medios de información
falta de compromiso?
¿Vemos en nosotros mismos algunos de los efectos de la cultura light? ¿en nuestros hijos? Seamos veraces e identifiquemos algunos rasgos de esta cultura en nuestras familias.
Los matrimonios quebrados ¿son manifestaciones de esta cultura? ¿Por qué sí o no?
El consumo de drogas ¿es una manifestación de esta cultura? ¿Por qué sí o no?