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La educación ofrecida por la Compañía de Jesús busca la optimización de la persona mediante su formación integral. Es formación, es decir estimulación, favorecimiento, proposición, ayuda, y no imposición, o indoctrinamiento. Es integral porque engloba las facultades y cualidades del ser humano y las ocho dimensiones de su vida: espiritual, cognitiva, afectiva, comunicativa, estética, corporal, social y ética. El trabajo educativo de la Compañía es eminentemente personalizador. Busca capacitar y optimizar la persona para realizarse plenamente, para dar de sí en vistas a la realización de los demás y para invertir todo su potencial en adecuar el mundo como el lugar propicio para la vida humana.
Por eso, se les ofrece a los alumnos los enfoques humanistas y técnico en el diseño y aplicación curricular. La educación jesuita trata de ayudar a las personas a encontrase consigo mismas, a identificar y recuperar toda su riqueza y así potenciarla para beneficio propio y de los demás. La educación jesuita comulga con la explicación constructivista y socio-integracionista del conocimiento, convencida de la tarea insustituible que cada persona tiene para dar el significado a las nociones e informaciones que va colectando en su vida. Pero, mucho más importante que una formación del conocimiento cognitivo, la educación jesuita persigue una educación en valores, del sentido crítico y del posicionamiento ético de la persona.
Esa formación axiológica se da no con la inclusión de asignaturas o cursos específicos en el currículo, sino con la óptica y el clima que atraviesa e impregna las áreas, programas, actitudes y procedimientos de toda la institución.
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